lecturas

Donald Ray Pollock, Knockemstiff

 

 

 

Padres que azuzan a su progenie a pelear, idiotas que se masturban sin contención en graneros, adolescentes colocados durante días en destartalados coches, y demás individuos de catadura similar van dando tumbos por Knockemstiff como desquiciadas almas arrojadas al basurero de la historia. Ese basurero es el confinamiento sin futuro en un pueblo de Ohio, cuyo nombre -real y que podría traducirse como “déjalo tieso”- prefigura lo que la narrativa de Pollock propone. En este caso, los relatos del memorable elenco de la white trash protagonista -o rednecks- se tiñen de un despiadado sentido del humor que excluye cualquier atisbo de retórica condescendiente o redentora. Al igual que Faulkner o McCarthy, el penúltimo cronista de la “otra cara del sueño americano” despliega su brutal realismo para mostrar, sin quererlo, una panorámica “sociológica” (¿de clase?) de esa "chusma blanca" empobrecida que, como ha dicho Jim Goad (Redneck Manifesto), ha sido despreciada hasta por la tecnocracia académica -o aspirante a ella- que encontró mejor filón en sus aspiraciones de "justicia" en las políticas de la identidad.

Hartmut Rosa, Alienación y aceleración. Hacia una teoría crítica de la modernidad tardía

 

En pleno debate “aceleracionista” -con visos de trend topic filosófico- es de agradecer un enfoque sociológico acerca de un proceso que resulta más complejo de lo que a veces se presupone. El trabajo de Hartmut Rosa aborda esa complejidad desde la “tradición” de las ciencias sociales y de la Teoría Crítica; todo ello para transitar con el debido rigor por el fenómeno de la aceleración -o aceleraciones, en plural- y sus consecuencias en la modernidad tardía. A destacar, entre otras cosas, la precisión descriptiva de Rosa a la hora de no dejar de lado la importancia estructural de casos de “des-aceleración” -resulta reveladora la interpretación de la fuerza de trabajo desempleada como “sujeto des-acelerado”- y el compromiso con la actualización de conceptos como “alienación” para acotarlos en su justa medida. Un texto indispensable para entender la dimensión de un proceso que de una manera u otra sobredetermina la realidad en su totalidad.

Alan Silitoe, La soledad del corredor de fondo

El clásico de Alan Sillitoe resulta más actual que nunca por muchos motivos; incluso por aquellos tan poco literarios -o no tan poco- como los que tendrían que ver con el Brexit y demás fenómenos "postcrisis". La prosa de Sillitoe describe con una credibilidad magistral las condiciones sociales de los excluidos del Welfare State y de las clases trabajadoras más humildes; su realismo apela a una especie de orgullo de clase que tiene uno de sus hitos en el relato La soledad del corredor de fondo. Precisamente, la historia del joven corredor la adaptará al cine Tony Richardson poco después, inaugurando una cinematografía social que tendrá en directores como Ken Loach uno de sus más destacados continuadores.

Boris Groys, Arte en flujo. Ensayos sobre la evanescencia del presente

 

Posiblemente, Boris Groys no haya repetido hasta el momento el seísmo "revisionista" que provocó su Obra de Arte Total Stalin; sin embargo sigue siendo un analista ejemplar del presente -y del pasado- que conviene tener en cuenta en el debate artístico actual. Como suele ser habitual en su producción teórica, Arte en flujo reúne una serie de artículos que abordan la modernidad y posmodernidad artística como claves interpretativas de la contemporaneidad; desde la dimensión “reológica” de las prácticas artísticas contemporáneas, hasta el desarrollo y asimilación popular de “estrategias artísticas” en las redes sociales. Junto a ello, fenómenos como el activismo artístico o la estetización -una estetización concebida como actividad "dis-funcional”- son interpretados desde presupuestos que desactivan los clichés que manejan determinados discursos críticos.

J. G. Ballard, La isla de cemento

 

La denominada trilogía urbana de J.G. Ballard -Crash, La isla de cemento y Rascacielos- representa todo un acontecimiento en el panorama literario de la segunda mitad  del siglo XX. La exploración de las "sociedades del bienestar" a partir de obsesiones recurrentes -el coche, el accidente, los nuevos entornos urbanos- alcanza tales dimensiones proféticas que la filosofía, la sociología, o antropología posteriores no cesarán de evocar por un motivo u otro la obra del escritor británico. En el caso de La isla de cemento nos encontramos con un argumento no tan turbador como en Crash, pero igualmente sugerente; de hecho, el accidente de Maitland en una inaccesible mediana situada en una intersección de autopistas plantea la posibilidad de pensar lo que después se denominó “no lugares” desde una dimensión existencial que poco tiene que ver con la simple consideración de éstos como dispositivos “a-históricos” de mera gestión de la movilidad. Todo un Ballard en estado de gracia.

Alexander Kluge, Novedades de la antigüedad

ideológica. Marx - Eisenstein - El Capital

La obra de Alexander Kluge resulta tan prolífica y heterogénea que escapa a cualquier consideración autoral al uso. Ilustre continuador del "espíritu" de la teoría crítica frankfurtiana, uno de sus trabajos cinematográficos más celebrados ha sido el intento de retomar el proyecto nunca llevado a cabo de Sergei Eisentein de adaptar El Capital de Marx al cine. El resultado es la imponente Novedades de la antigüedad ideológica; una obra documental que reactualiza el género y que  pudo presentarse adaptada a formato videoinstalación durante la 56 Bienal de Venecia. El presente texto es la publicación que acompañaba esa misma videoinstalación; una pequeña muestra, si se quiere, de la capacidad de Kluge por el desarrollo de una “narrativa” que a su manera retoma -tanto por su heterodoxia, como por su querencia por el montaje- el legado de Benjamin o del Bloch de Huellas.

Takiji Kobayashi, Kanikosen. El pesquero

 

El clásico de Kobayashi es un ejercicio brillante de Bildungsroman revolucionaria; las penurias de una tripulación sometida a condiciones laborales extremas se despliega en Kanikosen. El pesquero en una especie de crecendo cuyo clímax no es otro que la definitiva toma de conciencia de clase. Posiblemente, el encuentro de parte de la tripulación con revolucionarios soviéticos pueda parecer una concesión “gratuita”; sin embargo más allá de su pertinencia narrativa vendría a dar cuenta que todo aprendizaje implica, precisamente, enfrentarse a una realidad “externa” susceptible de clarificar -de explicar- lo que de una manera u otra se intuye.  El siguiente paso no será otro que la lucha a muerte por unas condiciones laborales dignas, que a pesar del fracaso, forjará un nuevo hombre dispuesto a todo por la revolución proletaria.

Thomas Keenan y Eyal Weizman, Mengele’s Skull. The Advent of a Forensic Aesthetics

 

La incursión de Eyal Weizman en el análisis de sofisticadas formas de poder es uno de los acontecimientos de mayor relevancia crítica en los últimos años. Después de dar cuenta de cómo la Intelligentsia israelí se apropió de Debord, Bataille o Deleuze para reinventar la guerra, Weizman -en este caso junto a Thomas Keenan- aborda el advenimiento de un cambio de paradigma de producción de verdad basado en la prueba forense. El caso de la identificación de la calavera de Joseph Mengele se erige en modelo de dicha producción; un modelo indisociable del desarrollo de una tecnología y una estética específicas cuyo fin es establecer el marco científico idóneo para despejar cualquier duda. Ni que decir tiene que las implicaciones de ese nuevo paradigma -cuyo material de trabajo son fragmentos y restos de cuerpos- ha supuesto la emergencia de una estética forense de considerable éxito cultural: la verdad se decide en territorios insospechados.

Knut Hamsun, La bendición de la tierra

 

 

La trayectoria vital de Hamsun -con su entrega de la medalla del premio Nobel a Goebbels como “clímax”- resulta uno de los ejemplos más elocuentes de filiación fascista por parte de una intelectualidad "maldita". Posiblemente, el programa estético de Hamsun ya conectaba desde sus inicios con el ideario cultural nazi; de ahí que sus apologías a un vitalismo nietzscheano y sus exaltaciones posrománticas de un mundo no contaminado por la decadencia de la civilización acabaran favoreciendo las “amistades peligrosas” que se granjeó. Se podría decir que La bendición de la tierra es un ejemplo magistral de esa literatura “reaccionaria”; de hecho, la historia de Isak adquiere una dimensión épica de alcance universal con su deslumbrante glorificación del esfuerzo individual y del trabajo. De esta manera, poco a poco el “hombre del páramo” se asentará en un territorio, en el que a pesar de la amenaza del “progreso” -y de otros muchos contratiempos- acabará por forjar un mundo en plena armonía con la tierra. Se intuye porqué no debería pasar mucho tiempo para que algunos redescubran a Hamsun: o quizás ya lo hicieron sin saberlo.